martes, 12 de octubre de 2010

Acróstico de Primavera

Acróstico de Primavera
P intado está el cielo de azul, para…
R ecibir a la mágica primavera, día de mucha…
I lusión y alegría, día de la naturaleza, amistad y amor, donde las…
M ariposas, las flores, los pajaritos embellecen la naturaleza, con su…
A lgarabía de una nueva estación, llena de…
V ida e ilusión, donde el sol calienta pero no quema…
E speranza de la juventud, un nuevo…
R enacer de toda una nueva vida que nos…
A brigará con toda su radiante sonrisa.
Esa es la PRIMAVERA !!!

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

LOS HERALDOS NEGROS

 
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Mamá


Estaba oscuro...
Solo el rayo de la luz de tus ojos.
Me enseñaste a respirar
y tus entrañas acariciaban mi frágil cuerpo.
Soñaba con colores
y te imaginaba hermosa,
fueron nueve meses en un mundo rosa.
Crecí de a poco con tu calor
me alimentaba con tus caricias
y frases de amor.
El momento llegaba
iba a conocerte,
estaba muy protegida
con miedo de perderte...
Se hizo la luz
una mañana de febrero,
mamá ahí estabas tú
tan maravillosa y tan dulce
como te había imaginado.
Aprendí con el correr del tiempo
y en mis andanzas peligrosas
de cada uno de tus consejos
valorados en cada acto
de mis diecinueve años,
y soñando cada vez
que me encuentro lejos,
con tus palabras
que envuelven mis vivencias
y acobardan los miedos
de mi juventud
.
 

MI AMOR QUERIDO

                                                     Eres tú mi amor querido,
                                 Pero siempre me has herido,
Y el corazón adolorido,
Ahora esta arrepentido,
Cuanto pido sanación,
Para el triste corazón,
Pero esta triste canción,
Me recuerda tu traición,
Me quisiste y amor prometiste,
Pero ahora estoy triste,
Por que de mi lado tienes que irte,
Tal vez no pueda rimar,
Lo que siento en verdad,
Pero esta soledad,
Me hizo ver la realidad.

LA MÁS BELLA NIÑA

 La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola
y ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice
que escucha su mal:
Dexadme llorar,
orillas del mar.
Pues me distes, madre,
en tan tierna edad,
tan corto el placer,
tan largo el penar,
y me cautivastes
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
En llorar conviertan
mis ojos de hoy más
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar
yéndose a la guerra
quien era mi paz.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
No me pongáis freno
ni queráis culpar;
que lo uno es justo,
lo otro por demás.
Si me queréis bien
no me hagáis mal;
harto peor es
morir y callar.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes
años de mi mocedad?
Dexadme llorar,
orillas del mar.
Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse, y no vean
tanta soledad
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

HAMLET, PRÍNCIPE DE DINAMARCA



¡Ser o no ser: he aquí el problema!
¿Qué es más levantado para el espíritu:
sufrir los golpes y dardos
de la insultante Fortuna, o tomar las armas
contra un piélago de calamidades
y, haciéndoles frente, acabar con ellas?
¡Morir..., dormir; no más! Y pensar
que con un sueño damos fin al pesar del corazón
y a los mil naturales conflictos
que constituyen la herencia de la carne!
¡He aquí un término devotamente apetecible!
¡Morir..., dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar!
¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso
que nos detenga el considerar qué sueños
pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte,
cuando nos hayamos librado
del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión
que da existencia a tan larga al infortunio!